Empezamos haciendo un repaso de lo que habíamos visto el día anterior en el Borril, de las plantas y de los animales más característicos de la zona y les pedimos que nos hicieran un dibujo con lo que más les había gustado de la visita. En todos los dibujos aparecía la cervatilla Blanquita, a la que habían dado de comer. A continuación, cuando terminaron de hacer los dibujos, estuvimos haciendo un dictado con los alumnos más avanzados, mientras que con el resto, estuvimos leyendo y repasando las consonantes que ya habían sido vistas.
De repente, llamaron a la clase y tuve que salir a ensayar el baile de la actuación de Navidad. Cada día que pasaba estaba más contenta y más orgullosa del trabajo que estaban haciendo, y sobre todo me sentía bien conmigo misma, ya que me propuse un objetivo y tenía que conseguirlo fuese como fuese.
Me gustaba mucho bailar con mis chicos porque se veía una clara muestra de compañerismo entre ellos, ya que se ayudaban los unos y los otros para conseguir entre todos que saliera genial, debido a que esta actividad en cooperativa y si falla uno, fallamos todos.
Acabada nuestra hora de ensayo, volvimos a la clase y los alumnos estaban elaborando unos christmas para el concurso que iban a hacer. Cada uno eligió el modelo que más le gustó y lo decoró y adornó a su manera, y finalmente quedaron todos preciosos. Utilizaron diversos materiales con diferentes texturas y colores llamativos con el objetivo de que el suyo fuera el más bonito.
Cuando terminaron la actividad, salieron al recreo y estuvieron jugando como suelen hacer siempre, cada uno con lo que más le gusta. La verdad es que da gusto pasear por el recreo y ver como los niños se lo pasan tan bien y a pesar de los problemas que tienen, son muy felices y son capaces de transmitir a los demás esa felicidad con tan solo una sonrisa. Es algo que por muy detallado que lo intente explicar, si no lo vives, es imposible de comprenderlo.
Finalizado el recreo, fuimos a hacer de apoyo a la clase de pequeños, que tenían que ensayar la actuación de navidad. En esas clases nunca sobra gente, porque aunque sean pocos niños, tienes que tener 1000 ojos porque no paran quietos y como la mayoría son deficientes motrices, hay que tener mucho cuidado y estar pendientes de ellos para que no se caigan ni se hagan daño.
La hora de comer se acercaba y estuvimos recogiendo las cosas para ir al comedor. Mi tutora y yo teníamos que ir a recoger a nuestros chicos que estaban en clase de música y fuimos al comedor. Una vez allí, cada cual se sentó en su sitio y se dispuso a comer. Cuando acabaron, recogieron su plato y fueron a asearse para volver a casa y descansar después de una dura semana.
El fin de semana se acercaba y tocaba descansar, tanto ellos, como mi tutora y yo.
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