martes, 13 de noviembre de 2012

PRÁCTICAS: DÍA 7

Era mi segundo martes en el colegio, y la mañana empezaba con una reunión para ver que propuestas hacíamos para navidad. Después de estar proponiendo y debatiendo sobre las posibles opciones, finalizamos y fuimos a clase.

Como cada mañana, el encargado de la clase pone la fecha en la pizarra y hacemos un repaso sobre los meses del año y los días de la semana. Hay un niño que aún no se sabe los días de la semana y para ello, le llevé una canción con los días de la semana y así pudiera aprenderlos de una forma más divertida, amena y motivadora que el resto de metodologías hasta ahora empleadas. 
Después de este breve repaso, seguimos trabajando con matemáticas y lengua como todos los días. 
En la hora de jardinería, estuvimos dando de comer a los animales que hay en el colegio, reciclando cartones  y trasplantando hierbabuena. Para los chicos fue algo novedoso debido a que no conocían esa planta y nunca habían trasplantado ningún árbol con lo cual trabajaron de un modo adecuado y pusieron gran interés en esta práctica. Utilizaron materiales novedosos para ellos y aprendieron conocimientos que les serían útiles para su próxima excursión al vivero, en el que tendrían que plantar árboles, por lo cual era necesario que conocieran estas técnicas.
Por otro lado, en la clase hay un chico que no es que sea la oveja negra ni mucho, pero influencia negativamente a otro niño, debido a que éste tiene un conocimiento superior y tiene más estrategias cognitivas para "manipular" al otro niño, el cual es muy influenciable. Como estaba contando, todos estaban trasplantando excepto ellos dos que estaban con el ordenador. Yo fui hacia donde estaban ellos para decirlos que se vinieran a trabajar y todavía sigo alucinando con lo que vi en ese momento. Estos niños estaban viendo vídeos pornográficos. Imaginaros mi cara ante tremenda situación, que reconozco, que no supe como actuar. Al finalizar la clase, mantuve una charla con ellos y me contaron que les salió por equivocación y que no se volvería a repetir. Me quedé en un profundo estado de shock.
Llegaba la hora del recreo y no había ninguna novedad. Como habitualmente, los niños jugaban al fútbol, añ baloncesto, jugaban, cantaban, es decir, el pan de todos los días. 
Al finalizar el recreo, fuimos al comedor en el que los niños mostraron nuevamente su autonomía. Cuando acabaron de comer, se lavaron los dientes, recogimos las cosas y nos fuimos para casa. 

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