Hoy era un jueves especial, en el que la ilusión y
la alegría estaban presentes, tanto en niños como en profesores al verlos tan
contentos, ya que nos íbamos de excursión al Borril. Éste se encuentra en el
municipio de Polán y se trata de un parque natural, en el que hay diversidad de
especies de animales y talleres en los que poder trabajar.
Nos montamos en el autobús y los niños se
comportaron correctamente, debido a que
cada uno permaneció en su asiento, junto a su compañero sin levantarse ni
molestar.
Cuando llegamos, entramos primero a ver las aves, y
estuvimos viendo gallinas, pavos, palomas de distintas clases.
A continuación, estuvimos en la zona de los anfibios
y reptiles, dando de comer a algunos animales, incluso cogiéndolos y
acariciándolos porque se dejaban.
El parque era inmensamente grande, y fuimos a ver a
los gamos, los ciervos, las cabras, los jabalíes, etc.
Había también una especie de salas, con unas
cristaleras, en las que estaban los conejos y los lobos, en su madriguera, que
tenía salida al exterior para que pudieran salir y entrar cuando quisieran,
pero sin que se pudieran escapar.
Los niños disfrutaron mucho con una cervatilla que
se llamaba Blanquita, y era muy dócil y se podía acariciar y dar de comer.
Cuando terminamos la ruta por el parque, hicimos un
pequeño descanso para tomar el almuerzo y pasar a los talleres.
Como ya he dicho antes, había talleres de arcilla,
en el que los alumnos podían elegir la huella del animal que más les hubiera
gustado del Borril y hacerla con arcilla. Había otro taller que era de perfumes
naturales y finalmente uno de sales aromáticas, que fue en el que entramos
nosotros.
Había varios cubos con sal gorda y cada niño se
tenía que poner en un cubo y rayar tiza del color que cada uno quisiera, sin
repetir el color que habían elegido sus compañeros, para luego intercambiar las
sales.
Cuando acabaron de rayar las tizas, la monitora echó
esencia de lavanda en cada uno de los cubos, para darlos aroma. En unas
bolsitas que había, y con la ayuda de un embudo, fueron echando las sales según
el orden que ellos querían, para que les quedara a su gusto. Una vez terminado este paso,
graparon la bolsita y en una tarjeta, cada niño puso lo que quiso, por ejemplo
su nombre, la fecha, un pequeño dibujo, etc.
Finalizado el taller, fuimos a un aula comedor donde
comimos y volvimos al colegio.
Nos regalaron de recuerdo miel casera y unos libros
sobre la flora y fauna de la zona.
La verdad es que disfruté mucho de la excursión,
tanto o más que los niños.
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