jueves, 15 de noviembre de 2012

PRÁCTICAS: DÍA 9

El jueves comenzaba con una reunión de C.C.P en la que estaban reunidos el director, los jefes de estudios y algunos profesores. El fin de esta reunión era abordar temas referentes a las excursiones, como por ejemplo, costear gastos entre todos, la organización para hacerlas más fructíferas, ir fijando fechas para próximas excursiones; lo que viene siendo organizar todo al detalle. Pero el tema que más presente estuvo  fue lo sucedido el día anterior. Estuvieron hablando de la forma más adecuada para resolver esas situaciones tan complicadas, evitando huir de los problemas y actuando ya no solo de la forma más rápida posible, sino de la mejor forma. Finalizada la reunión, me fui a recoger a mis niños, que hoy nos esperaba un día de piscina.
Estuvimos cogiendo nuestras cosas para ir a la piscina, debido a que teníamos que asegurarnos que todos los niños llevaran el gorro, las chanclas y la toalla. Revisadas todas esas cosas, fuimos al sitio previsto.
Llegamos a la piscina y estuvimos haciendo un previo calentamiento fuera del agua, para evitar lesiones. Cuando terminamos, nos metimos en la piscina. Algunos de los niños no tenían problema alguno y para ellos no suponía ningún esfuerzo, pero para otros, no os imagináis lo que tuvimos que hacer para que se metieran aunque solo fueran los pies. El caso de una niña es tremendo, conseguimos que se metiera en el agua pero se tiró todo el rato, TODO, llorando sin parar, me estaba dando un pena alucinante. El caso de otro chico es que, después de sudor y lágrimas conseguimos que se metiera pero sinceramente, lo paso francamente mal y desde mi punto de vista, no se yo si va a perder el pánico que tiene al agua, pero por intentarlo, no perdemos nada.
El resto de alumnos que estaban en la piscina hacían carreras entre ellos, nadaban como buenamente podían o bien ellos solos, o ayudados por los denominados "churros" para poco a poco ir soltándose y poder nadar ellos solos.
También estuvimos enseñando a los más mayores y más capacitados a tirarse de cabeza y a pesar de los golpes que se daban contra el agua en la tripa, lograron más o menos, hacerlo bien.
Cuando llegó la hora de volver al colegio, nos duchamos y nos cambiamos y volvimos a reponer fuerzas.
Los chicos estaban hambrientos debido a que habían trabajado mucho y como todos sabemos, el agua da muchísima hambre por lo que comieron muy bien como siempre, y volvimos a clase.
Tanto alumnos como nosotras, la tutora y yo estábamos super cansados y después de comer hicimos un pequeño descanso y nos fuimos.
Aquí acababa un jueves agotador pero lleno de muchos momentos de risa y de alegría y una vez más, me demostraron la superación que pueden llegar a tener estos muchachos. 

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