El día comenzaba con una reunión, en la que nos explicaron algunas cosas sobre la escolarización de los alumnos, como iba el sistema de evaluación, nos mostraron algunos PTI (plan de trabajo individualizado) y nos informaron sobre como los niños pasan de un curso a otro.
Llegaba la hora de ir a clase. Empezamos por poner la fecha en la pizarra, y hacer un breve repaso de lo que aprendieron el último día. Después, los niños empezaron a contar lo que habían echo este fin de semana. Algunos de los niños contaban que se lo habían pasado muy bien, que habían estado con sus amigos y que habían salido a jugar, sin embargo, otro de los niños dijo que él había estado todo el fin de semana en casa sin salir, porque no tiene amigos. Fue algo realmente duro oírle decir eso y tremenda fue también la sensación de pena que sentí.
Volviendo al trabajo, estuvimos haciendo repaso de matemáticas, lengua y practicando la lectura. Realizamos también un a actividad en la que los niños tenían que colocar el nombre debajo del dibujo correspondiente, para así aprender no solo a leer, sino a relacionar significado con significante.
Mientras estábamos en clase, los chicos de la clase de al lado entraron preguntando por mí, para hacerme una entrevista para el periódico del colegio. Los estuve ayudando a redactar, aunque la verdad es que necesitaban poca ayuda, y finalmente quedó muy bien.
Llegó la hora del recreo, y de nuevo volvía a ver a mis pequeños, los que nada más entrar, vinieron hacia mi y me colmaron de besos y abrazos, lo que hace sentirte una persona especial.
En el recreo, estuvimos cantando y bailando, demostrando al mundo lo felices que somos.
Llegó la hora de comer y los niños, como cada día, se sentaron en su correspondiente sitio y se pusieron a comer.
Como se habían portado bien, los dejamos un poco de descanso, mientras la profesora y yo pensábamos las actividades que realizaríamos al día siguiente.
Acaba aquí un lunes que había empezado con mucha energía y vitalidad.
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