martes, 6 de noviembre de 2012

PRÁCTICAS: DÍA 2

Comenzaba otro día, mi motivación e ilusión volvían a estar presentes.
La mañana comenzaba con una reunión del curso de formación, y la temática del día era el proyecto de navidad. En este proyecto, cada ciclo tiene un trabajo asignado en el que los alumnos lo tienen que llevar a cabo, aunque también puede participar el profesorado, para echarles una mano.
Las propuestas planteadas han sido: representaciones musicales que sean fáciles de representar, como por ejemplo, la gallina turuleta. Otra ha sido hacer un mural gigante del portal de Belén, en que pondremos figuras, fotos, realizaremos un paisaje, etc. Y finalmente, la última propuesta ha sido pensar en villancicos y que los niños los interpreten. Una vez acabada la reunión, nos fuimos a clase a trabajar con nuestros pequeños.
Mi tutora y yo nos repartimos el trabajo que teníamos que realizar con los niños, para hacerlo más rápido y atendiendo mejor a sus necesidades y a los problemas y dudas que les pudieran surgir.
Mientras la profesora trabajaba las matemáticas con los alumnos más avanzados, yo practicaba la lectoescritura con el resto de los niños. Hoy tocaba estudiar la letra "T" y para hacerlo más fácil, les escribí en su cuaderno la "T" tanto mayúscula como minúscula con puntos, primero para que ellos la repasaran y luego, para que fijándose de los modelos pudieran hacerlo ellos solos. Una vez que terminaron ese ejercicio, nos pusimos a leer como sonaba la "T" con las vocales.
Llegó la hora del recreo. Cuando llegué, todas esas caritas sonrientes estaban esperándome para volver a pasarlo en grande como el día anterior. Estuvimos cantando, jugando al trenecito, resumiendo, lo pasamos genial. Pero al acabar el recreo, surgió algo francamente desagradable. Una de las chicas que estaba jugando al fútbol en las pistas, sufrió un pequeño ataque de agresividad y nos empezó a amenazar a todos, diciéndonos, literalmente, que nos iba a machacar la cabeza con una piedra. La verdad es que me quedé un poco impactada, pero al instante se le pasó el enfado y nos pidió perdón a todos, demostrando una gran educación y ante todo, respeto hacia los demás.
Pasado este altercado, nos fuimos a la clase de jardinería, y allí estuvimos separando el cartón para reciclarlo y llevarlo a su contendedor correspondiente. A continuación, cogimos el pan duro que nos habían proporcionado las cocineras y fuimos a echárselo a las mascotas del colegio (conejos, palomas, pavo, gallinas). Para finalizar la clase,estuvimos recogiendo piedras para tener el patio limpio y también para evitar que los niños se las tiren o incluso se las metan en la boca. Lo que pretendíamos conseguir con la recogida de piedras era fomentar el trabajo cooperativo para que los niños vieran que sí todos trabajan juntos, pueden hacer más en menos tiempo. Y como todo trabajo que se hace es agotador, tocaba ir a reponer fuerzas.
En el comedor cada niño se sentó en su sitio, se comió su correspondiente comida y nos fuimos a clase, para que cogieran su cepillo y su pasta de dientes y se asearan. Como hacía mal tiempo y su comportamiento había sido correcto, estuvimos jugando los últimos 5 minutos en clase.
Un día más, me iba a casa con la más grande de las sonrisas, y todo gracias a esos pequeños.



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